20 marzo 2011

Qué bien aquí acostado



Hoy en día nos resulta bastante cotidiano a las juventudes hablar de nuestro futuro como si diéramos por hecho que en el rumbo en el que estés orientado, en la dirección en la que dirijas tus ilusiones o en el tobogán que elijas tirarte encontrarás la satisfacción tranquilizante y placentera de la felicidad. Pues creo que hemos perdido el sentido de la orientación, la puntería y el impulso, porque hemos pasado de vivir en el presente y hemos pasado a vivir en la línea que separa los tiempos: éste en el que estás leyendo esto y al otro al que pertenecen éstas últimas palabras cuando estabas por “…éste en el que estás leyendo esto...”, es decir, el futuro.


Aunque cuando pienso más profundamente en ello me planteo ciertas cosas al respecto: Puede que si mi comida de tarro viene porque nuestra cultura nos ha introducido el concepto del tiempo y debería abstraerme de ello como bien hacen algunas tribus descubiertas. Estas tribus, por ejemplo, podían vivir tranquilamente sin utilizar un lenguaje con verbos conjugados en un tiempo de futuro. No lo sé muy bien. Podría ser inclusive un error e interpretemos mal el volumen que adquiere el presente envolviéndolo todo entre sus mantas o puede ser que sencillamente no haya nada más que pasado y futuro.


Me planteo si el mundo material y el mundo de las ideas se diferencien en la estructura del tiempo. Consideremos la posibilidad de que la realidad material que percibimos se halle en el presente, como seguramente diga un empírico; y tanto el futuro como el pasado estén dentro del mundo de las ideas, un mundo creado por la razón. Para situarnos en el ejercicio me remito a la felicidad como ejemplo, por ser una idea que la totalidad de las personas controla. Para mí, la felicidad en una parte requiere de la presencia de la memoria, elemento que da origen a la noción del tiempo, ya que no hay futuro sin que simultáneamente exista el pasado y no hay pasado dentro de nosotros sin una memoria; porque somos felices cuando recordamos lo que hemos logrado o el día que más ilusionados estuvimos. Pues es la memoria la que combinándose con la función de la razón es la que articulan la imaginación, unidad que da existencia al futuro, porque gracias a él podemos introducir nuestras ilusiones para que en un presente podamos ser felices pensando en lo que haremos y cuándo seremos felices. Y es gracias a la comparecencia del pasado que somos felices y también a la existencia del futuro. Sin este ejercicio mental de la felicidad y sin pecar de prejuicios de mi entorno y tiempo, creo que en el presente la única felicidad que existe es la errónea idea del placer atribuido como flor puesta en el jardín de la felicidad.


Dejando el ejemplo de la felicidad de lado, lo resumo en que tenemos en nuestra mente dos tiempos que son creación de unas capacidades del cerebro. Y luego, por otro lado tenemos el mundo físico en el que se encuentra el cerebro sujeto por un cuerpo sensible que le informa de aquello que percibe de ese mundo. Sigamos…


Si gritas cualquier vocal a todos los vientos, date cuenta que la acción producida no es más que una orden del cerebro en base a un conocimiento que está almacenado en la memoria, por lo que hablamos de un túnel que une los dos mundos, el pasado de nuestra mente con el presente físico.


¿Y el futuro, también tiene un túnel que une con el presente físico? Sí, porque uno antes de vivir el presente tiene el futuro presente. Es decir, uno puede disfrutar de la sensación producida por una ilusión, que a su vez, ésta proviene del tiempo futuro de la mente, ya que hemos dicho que es en parte imaginación que emite el ejercicio de la razón. Por lo que no podemos negar que el presente existe, con que en algún lugar debemos insertar el concepto de ilusión. Aun así, el presente del mundo físico no es una realidad tan simple como podríamos creer, más bien es a mí gusto un mundo en constante parpadeo de veloz intermitencia entre el pasado mental y la realidad que percibimos. Así explicamos rotundas afirmaciones kantianas como que no podemos contemplar la realidad en sí porque las estructuras mentales de cada persona difieren sobre la percepción de dicha realidad física. Menciono a Kant para que el lector no haya perdido esperanza en mí y tenga leña para la fogata de esperanza que arde por validar la hipótesis, no para convertirla en una tesina, sino que a priori lo dignifiquemos dándole un cuerpo propio de una hipótesis.


Creo haberme olvidado de una cosa, condición sine qua non podría darse la magia que nos hace a veces ser felices en el propio presente sin que sea fruto de mero placer de sensaciones físicas. Lo que daría perfección a esta vida sería poder disfrutar de esa felicidad en un estado de presente puro, y no con la influencia del pasado y del futuro del mundo de las ideas. Queremos una sensación pura, y para ello son estas mismas, el pasado y el futuro, las que completan el esquema creando el único lugar en el cual vives el presente sin pensar en tu futuro y tampoco recordar el pasado, sino que vives una vida en la que todo está como uno quiere gracias a la conocimiento de la memoria y a la imaginación de la razón, pero nada más que la combinación generan un presente no físico. Y eso señoras y señores, sólo podemos acceder a él soñando en nuestros más profundos sueños al cerrar los ojos. Pues los sueños son realmente el presente y son en ellos el único lugar donde puedes ser feliz en el momento, pues es el presente. Así que no dejes de soñar, ni mucho menos despierto.


“Sólo empleamos una fracción del verdadero potencial de nuestro cerebro, pero eso es cuando estamos despiertos. Cuando soñamos la mente es capaz de cualquier cosa” COBB(Leonardo Dicaprio), INCEPTION (Origen).

15 marzo 2011

No preguntéis...



Os aseguro amigos seguritas que si cogéis una concepción cualquiera, seguramente en la segunda semana seguida a hoy ignoraréis esa idea. Para su seguridad y mi inseguridad sobre vosotros haremos en la siguiente ocasión una copia de seguridad y una de ellas la meteremos bajo seguro, pero no cualquier seguro, sino uno que tenga seguro. Es decir, como un candado con garantía. Luego tomaremos su llave, dícese de la nano-barrita metálica con forma de ele. El siguiente paso ele-mental para una idea mental es coger esa llave con forma de ele y una vez asegurada la concepción tiramos la llave ele-mental junto con la idea al claro vacío del lado izquierdo del oscuro mundo ciego que tenemos al cerrar los ojos. Es fácil, ya dije que se ve con claridad. Ahora, a hora de exactamente una hora de ahora, oraremos por olvidar dónde dejamos la idea… ¿Ya? Pues ahora no intentéis buscar ni la llave ni la idea, porque como bien dice el verbo está muy lejos. Hay que coger primero un guagua y luego un coche, BUS-CAR.

Como iba diciendo…. ¿Qué le dice una adivinanza azul a otra color mandarina?....