
06 noviembre 2012
Semana azul

21 octubre 2012
I´m going deeper underground...
12 marzo 2012
Una mandarina Yoyó

La literatura que versa sobre el ego es muy extensa. Es un tema que se va extendiendo y ramificando en teorías cada vez más diferenciadas las unas de las otras, pero con una raíz en común. Muy similar a la vida social. Somos los únicos seres que tenemos en común la desigualdad. La desigualdad no vista como una palabra actual llena de connotación negativa en su significado político, sino como su sentido literario nos expresa: que un ser no es igual a otro ser.
Hay que tener gran respeto hacia las ideas. Toda las teorías son consecuencia de unas principales, aunque prefiero llamarlas teorías singulares y sus derivadas teorías plurales.
Todos hablamos de un YO, hasta el YO habla del YO. Las sociedades han creado varios YO con el fin de no sentirse solos, cuidándolo, protegiéndolo, armándolo de orgullo y dejando que se sienta importante frente a cualquier ataque de otro YO. Su alter ego sería el YO poético, que se ha creado para poder hablar de lo que sea, la cosa es hablar, y así contar reflexiones a otros pudiendo llegar a complacer el YO del emisor y el YO del receptor. ¿De dónde vendrá? Reformularé la pregunta ¿De dónde vengo YO? Puede que sea un juego de monos y una escalera, una idea metida en la cabeza que se utiliza y se sigue utilizando sin saber si su fin sigue vigente, o no. De todas maneras, podríamos figurarnos todo lo contrario, una idea que nunca fue introducida, sino que existe y sin el “desde…” - Ya sabéis que para mí hay cosas que nunca han tenido un comienzo y que están-.
El YO tiene una sublime función, que es la propiedad de ubicar, localizar, asentar el punto desde el cual se está observando todo. Pero, ¿y si sufrieras de un doble YO a causa de un trauma infantil y estuvieras en la consulta del Doctor House y tuvieras que responderle? Conociendo al Dr House, sería responderle a cualquier cosa menos qué es lo que te pasa. ¿Por qué YO responderías?¿Cuál sería mi YO correcto? ¿El que asusta a los otros YO? ¿O el YO que ellos creen conocer? ¿El bueno o el malo?
Hola, mi nombre es Don Ignacio Morales Ferguson y os hablo del YO, porque no sé quién soy YO, “pero os puedo dar pistas como que” soy un inmigrante que lleva a duras penas 1 añito en la capital, como una especie de chicano. Aquí me he casado con mi adorable señora, Elena Mendoza y dónde me gustaría formar una familia. Vengo de Detroit, donde se encuentra mi mamá y las raíces que tanto añoro regar. Mi padre era de por acá, nunca le llegué a conocer. Él sé que era Mexicano, porque vivió toda su vida aquí en Nuevo México, pero si hubiera ido a Estados Unidos, seguro que le habrían asignado en el registro racial la raza “afro-american”. Pero voy a darle que es mole de de olla y ganarme mi tequila de hoy con un pequeño inciso: Tendríamos que llamarlos afronorteamericanos, no afroamericanos. Con eso es todo. Continuemos…
Me siento perdido y sin identidad. Soy una persona que vive varias vidas paralelas. Por un lado reconozco un YO, que es mi vida como marido de mi mexicana- Ay como quiero a esa Elena-, con la que hago una vida creando valores y compartiendo cultura. Por otra parte, está el segundo YO, que creo haber dejado atrás, pero que sigo viviendo en mi día a día y por eso sigo enviando dinero a Detroit, para comprar una casa con la esperanza de que algún día pueda disfrutarla mis hijos, aunque lo más probable es que no ocurra. Aun así mantengo el YO latente aportando mi dinero en colaboración a los festejos y manteniendo mi estatus que un día creé. El tercer YO es ese que creo ser cuando acudo a una celebración de mi cultura en un local perdido en Nuevo México y en el que ayudo a mantener la llama de mi cultura reuniéndome con las personas inmigrantes de mismo origen [Pensad en un “Latino” del barrio de Usera y creedme si os digo que es el ejemplo perfecto].
YO no soy quién para reconocer mi YO verdadero, porque no sé ni si el YO que decide es el YO que debe elegir, y más aun, si elige al YO que YO realmente quiero ser. Pero puedo dar pistas como que mi nombre es Leandro, tengo 21 años y soy estudiante universitario y todo esto escrito no es más que una contribución a la literatura del ego, jugando a ser otro YO y no YOYÓ.
YOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOOYOYOYOYOYOYOYOYO
05 marzo 2012
El trailer es público, la peli es tuya.

Hay dos clases de personas en esta vida, los que sienten y los que hacen sentir.
Esta medianoche de Septiembre he bajado corriendo al sótano, o como lo llama mi hermano Harry, el trastero. Como decía, bajé a toda prisa causándome rozaduras en las manos con la barandilla de escasa laca y al llegar al último escalón di un pequeño saltó de triunfo y tiré del cordón para encender la bombilla. Lo normal en historias perfectas es que hubiera seguido saliéndome todo perfecto, tirarme en el sofá, que está al lado de la biblioteca del difunto abuelo y lanzar mi gorra al colgador que se engancharía perfectamente tras un giro de acomodación y de emoción; pero no fue así. Al tirar del cordón olvidé la poca distancia que debía de tirar y digamos que terminé con una escoba en la mano barriendo el vidrio de la bombilla.
Mi propósito fue buscar un libro de poesía. Yo siempre he pensado que a mi abuelo le pegaría mucho ese tipo lectura, por lo que encendí una vela, luego otra, otra... y me senté con las piernas cruzadas en el sofá individual, pero con polvo para un colectivo ¡Jachís! Estaba al alcance de todos los libros sin tener que levantarme. Y fui con el primero…
El primer libro tenía un título un tanto extraño: “Cógeme y no te resistas en apretujar las tapas esperando que se refuercen las letras y poder oler los significados en los bordes”. Pero no era lo que buscaba. Era una novela de amor y yo estoy en busca de versos breves e intensos para poder… El segundo ponía: “Róbame, soy tu tesoro”; el tercero….
Ya he mirado en los dos primeros estantes de la parte inferior y me queda por mirar el último de arriba, creo que voy a elegir el siguiente al azar, mejor dicho, el que más le llame la atención a mi subconsciente. – Me temo que serás tú, que estás mal colocado. -¿Una obra poética? Sí, es lo que buscaba.
Estoy cansado de leer, cansado de esperar a que me surjan las palabras, cansado de no encontrar una melodía para las letras, cansado tratando de conseguir hacer una canción que me haga recordarte.
En ocasiones escribo cosas bonitas y en ocasiones te recuerdo y siento cosas aún más increíbles. Lo aserto con la boca abierta y los ojos perdidos respirando lo mínimo para no molestar el placer que está trabajando, ni el silencio que retengo con la ventanilla del sótano cerrada. Pero lo que pasa es que no puedo conseguir escribirte una canción en la que pueda pensar en ti al cantarla.
Sin embargo sujetaré, tu mirada con el piano.
Tocaré con mis dedos, ¿notas? ¡Aaachííísss!
Deja que el sonido hable, deja que el amor sea pegante.
Yo tan sólo quiero un poema sano,
Que se una a ti,
Que nunca acabe,
Que logre recordarte.
20 enero 2012
Yo duermo solo

Ojalá no me dieras esos sustos y aprovecharas esas ocasiones que tienes de sorprenderme o impresionarme, para pensar un poco más y no colaborar en destrozarme el día.
Sabes que lo hubiera hecho, si no te hubieras metido en medio. Estaba a punto de hacerlo, alguna vez te lo he demostrado, pero has tenido que cortar la toma. Ni que fueras tú el director.
En realidad, lo que considero de capital importancia en tu discordia, es que te hagas pasar por mí, y luego sea yo quien tenga que tomarse las consecuencias de un trago. ¿Pero quién te crees que eres?
Yo te diré quién eres. Eres el miedo que me acompaña en el día a día, la incordiánte voz interna que no cesa. Te crees mi pepito grillo del cuento, pretendes ser mayoritariamente la prudente conciencia que me salvará. No te equivoques desdicho.
Hasta ahora lo único que has logrado en mí es un profundo arrepentimiento por no actuar. Me gustaría que tuvieras una cosa clara: al cerrar los ojos, dejas de estar presente, se constituye un sueño ultraísta, pierdo el miedo y echo el vuelo a protagonizar.
11 enero 2012
MIRA AL CIELO...

...SI CREES ESTAR PERDIDO. ALLÍ ARRIBA ENCONTRARÁS A TUS AMIGOS, LAS ESTRELLAS. ELLAS TE ORIENTARÁN. HAYA NUBES, TORMENTAS, DEMASIADA LUZ O TEMPESTAD... TÚ MIRA, PORQUE ALGUNOS POCOS BRILLAN DE VERDAD.
Quiero vivir en sinceridad, quiero vivir siendo Leandro, quiero vivir Yo.
Hoy he tomado la decisión.
A lo largo de la vida de este blog he escrito cosas que he pensado en algún momento espontáneo de mi trayectoria en vida, pero casi ninguna de ellas tiene la importancia que le doy yo a esta. Por cómo lo estoy dejando caer, quiero que lo recojáis de la misma manera, es decir, de ninguna. No pretendo en ningún momento que os guste esto. No está destinado a vosotros, sólo a mí. Necesito ser yo y nada más que yo. Siento la redundancia de mi ansioso egocentrismo, pero debe ser así.
Esto es lo que pienso: Soy amor.
Soy todos vosotros, soy todo el conjunto de arcilla que las personas importantes en mi vida han pegado en mí. Yo sólo soy la figura que vosotros habéis compuesto y es gracias a vosotros que estoy aquí con esta silueta.
ATM me dijo una vez “Escribe todo lo que sientes, escribe lo que piensas, escribe, escribe, escribe,…” Seguidamente recibí un gran gajo de mandarina. Hoy lo muerdo y sé a qué sabe. Sabe a “sé tú mismo y no olvides a quienes te quieren”. Pero lo quise saborear más y descubrí un saborcillo al final, como de “Que le den al resto del mundo, Leo”.
Escribo con siglas el nombre de esta persona, porque no dedico esta entrada más que para mí, o sea, para mis amigos.
Tengo un problema enorme. Soy una persona que se acaba de encontrar consigo misma. ¿Leandro? Sí, la persona conocida por cientos de otras personas como aquel que no fuma y no bebe. Lo sé - ¡No fumo. Me cago en la puta…! (Parece que se me ha ido la pinza)¿Alguien se ha dignado de preguntarme alguna vez por el porqué? Sí, los que me quieren, ¿y los que no? también, pero tan sólo se han quedado con la idea superficial combinada con mis múltiples y estúpidas respuestas argumentadas por desorbitadas mentiras que les he contado.
No fumo, porque quise desde pequeño demostrarle a toda persona que me rodeaba en Guaza que se podía hacer cualquier cosa que se dijera. Lo estoy demostrando… No bebo, porque el reto me pareció demasiado fácil y la innumerable lista de inconvenientes que produce el alcohol me pareció la escusa perfecta para seguir demostrándolo (a mayor escala de Guaza). No es un show para el resto de la gente, es la demostración que le dedico a mis seres queridos. A partir de hoy sólo me comunicaré con la gente que me importa. Con aquellos que quieran atender las palabras escritas en este blog no ignoraré y les agradeceré su apoyo. ( Tommy en este blog es VIP).
Hoy quiero aumentar ese reto. Hoy dejo de ser una cuenta de Facebook y de Tuenti. Hoy dejo de ser una persona que se engaña dejándose consumir por el nuevo vicio. Dejaré de compararme con el mundo y competir de esta manera. Ya no necesito esperar a que uno de mis “milamigos” me comente lo bien que vivo basándose en fotos que me han arrebatan tiempo al colgarlas. Ese tiempo ya no es vuestro, “milamigo”. Sobre todo, porque me he dado cuenta de que necesito la opinión de gente con dos dedos de frente. Y para ello tengo a mis amigos, entre ellos mis mejores amigos,a Gabri, Sergio y Adri (orden alfabético xD), que me hacen tener la suerte de poder ser de las pocas personas que pueden consultar a más de una persona con dos dedos de frente (Gabri tiene casi 6 dedos de frente jaja).
-¿Sabes qué, papá? Me van súper mal las clases, las cosas se ponen cada vez más difíciles y creo que estoy a punto de fastidiar varias asignaturas. Estoy estudiando… (Mentira).
Mi padre me dijo hoy “Leito, eres lo que piensas”. Mi padre me dijo después de ello “ Te he llamado, porque necesito decirte algo más”. Grandiosa sea la casualidad, pues atendí y me regaló otro gajo de mí. Me dio la respuesta.
Papi- …. Quiero que dejes de ser árbitro, entrenador, jugador, cocinero, conductor, … Quiero que sigas siendo un niño mientras nos lo podamos permitir, y a día de hoy podemos permitírnoslo. Sigue demostrando que te quieres, aprovecha la oportunidad. Son 2 años y medio más. Después de eso, tienes más tiempo para todo lo que en un momento futuro podrás hacer. El fracaso al que temes no significa más que estar donde tú no quieres, pero sí haces lo que quieres es imposible el fracaso. No quiero que seas tú el culpable de tu ahorcamiento, quítate la soga del cuello y no nos digas que no es así, ni a mí, ni a ti mismo. Te quiero.
Ya no pienso engañarme. Estoy aquí para terminar Ciencias Políticas o alguna carrera en la Universidad Complutense. Es lo que quiero y es lo que *sinceramente intentaré* a toda costa. Confío en mí y sé que tengo capacidad para atravesar este bache que viene y que me he puesto, y continuar siendo el estudiante que quiero ser. “Vive como si fueras a morir mañana y estudia como si fueras a vivir para siempre”. Esto último me lo ha dicho ATM.
Ya no soy árbitro de Madrid hasta el día que me vea sin dinero, sólo seré árbitro cuando JK quiera que sea ARG o ATM; ya no seré entrenador hasta que un nuevo campus o engaño internacional surja; ya no seré jugador, hasta que vuelva a ser el estudiante que quiero ser y las notas me lo aseguren; ya no seré conductor, porque no tengo partidos a los que ir a pitar, entrenar, jugar,…; ya no seré un milamigo más porque ya no tengo Facebook ni Tuenti, tan sólo un correo y un número de celular con el que seguir en contacto con mis compañeros de clase and friends; ya no viviré la vida que le sorprende a las gente, viviré la mía, la que el conjunto de los que me quieren aceptan y forman sin decidir sobre ella.
Os quiero, me quiero.
“quién de verdad quiera verme, sabe donde vivo y lo que estaré haciendo: esperándole” L.R.B.
07 enero 2012
Por fin, Madrid

Estoy sentado en la mesa número seis de una de las cafeterías del aeropuerto de John Lenon. Aunque no me lo crea mucho, he decidido volver a escribir mi trayecto de vuelta a casa en avión, como una vez hice, hace ya bastante tiempo.
La compañía que he escogido esta vez es Easyjet, porque es igual de barata q la famosa bazofia de Ryanair, pero esta, al menos, me da garantías y algún que otro regalo.
Paro de teclear para ojear la hora y veo que es hora de dejar las vistas a la pista de despegue e irme en busca de la puerta de embarque sobreviviendo a la multitud de tiendas que se despliegan a lo largo de lo que hay entre la entrada y subirse al avión. Con sus nuevos y sorprendentes trucos de marketing. Hoy no dejaré que me engañen.
No hay nada en la pantalla de avisos y tendré que sentarme ahí, junto a esa señora que me está mirando con una cara que no consigo descodificar. No sé si está encantada con la cirugía plástica que le han hecho, o por el contrario intenta convencerme de unirme al guetto. Siempre suele doler entrar en una secta, y esta no se queda atrás. En cualquier caso, me sentaré como un cieguito y hare caso omiso a la invitación.
Suspiro y el número de la puerta sigue sin aparecer, a duras penas me persuade con un mensaje subliminal: Eat, drink, shop & Relax.

Justo lo que iba a hacer.
La puerta 10 es la que me ha tocado. Apunto estoy de entrar. Ya está todo el mundo en cola. Están en espera desgastando su paciencia por entrar. A todo esto, veo que está todo el mundo de la cola, mirándose los unos a los otros de reojo, y como dejando claro ante los demás su procedencia, haciendo uso ferviente de su lengua; como dando a entender que regresan a casa – ¡A partir de ahora somos nosotros los que os joderemos!-. Es un fenómeno que se da también al parar el avión, a la hora de recoger el equipaje de mano. El placer de llamar la atención justificadamente. Escribiré una tesis de ello después de mirar fijamente a un subnormal que me mira con la intención de confirmar mi habla española. Voy a dejar de escribir, que tengo que vacilar con la presencia del peso de mi equipaje de mano. Nos vemos en el avión. Hasta ahora…

Tenía que haber luchado por entrar el primero o pagado (Speedyboarding), porque me ha tocado, siendo el último, un asiento en la salida de emergencia. "Los últimos serán los primeros"-espero que no tenga que emplear la frase mientras abro la ventanilla y salte del ala encendida por una aurora de fuego-. Un asiento que me permite sentarme como una persona de 1,50 cm de altura cuando viaja en cualquiera de los demás asientos, sin retorcerme para proteger las rodillas de unas varillas que tienen los asientos delanteros.
Iba a decir algo, pero mi entrañable acompañante, que no me deja mirar por la ventanilla para ver, me ha preguntado la hora "en español". Este inglés ha hecho sus deberes y confirma mi teoría de que en los viajes es importante reconocer quien va y quien vuelve.
Le he mostrado la pantalla del móvil con el que narré mi primer viaje y se me ha olvidado lo que iba a decir.
Acabo de descubrir una cosa: las ventanas de las salidas de emergencia cierran la entrada de luz hacia arriba, al contrario que las demás, que la persiana baja. Interesante jajaja. Ya vamos a volar, hasta el próximo capítulo, que será a mucha altura y distancia de ahora; además, tengo que hacer mi ritual antes de despegar (leer primer vuelo).
Estoy en las nubes y aprovechando que mi compañero ha ido al baño, le sacaré una foto a la ventana. Que le chinchen (jodan). Y debo reconocer que hacen un gran trabajo humano las compañías de vuelo obligando a alguna que otra desgraciada a sonreír durante 2 horas y media que dura el vuelo. Lo digo porque sino ¿Cuándo una de estas personas sonreiría sino fuera por el trabajo? No respondáis. Bueno, creo que me pondré a comer un sándwich de jamón serrano liverpuliano (sabe al quinto cocido que haces con el mismo hueso de jamón) y me entretendré pensando en mis amigos, la cantidad de cosas que les pude haber comprado y lo felices que serían de haber recibido los regalos. Cuando alguno de ellos lea esto…jajaja. Me da la risa de pensarlo. A por el bocado…
Han pasado ya más de una hora desde que comí el sándwich. Estaba haciendo tiempo yendo al baño e investigando mi sentido del equilibrio, tanto orinando, como cuando paseaba por el avión para ello; estuve ojeando una revista de viaje y ya por fin sentí que la fase de aproximación comenzó. -Que ganas tengo de llegar a mi casa-.
Esta vez he de admitir que me encuentro extremadamente cansado. Nunca debí subirme en este avión. Os explico, este vuelo le compré ayer, es decir, perdí el mío hace dos días por pensar que viajaba ayer cuando estaba a punto de viajar en mi vuelo imaginario, por lo que he tenido que volar hoy y no ayer como imaginé o anteayer como debí. Lo sé, soy gilipollas, pero no tanto como el que está a mi lado, porque él además lo parece y supongo que no os habéis enterado de cuando viajaba tras leer este párrafo, pero la clave es volver a leerlo. Jeje.
Se ladea el avión muy poco y apenas siento que bajamos, la señal luminosa de los cinturones no se ha encendido. Aun así mis oídos perciben un cambio en el sonido que produce el avión, aparte se me han taponado. Suena como si hubiera fuera de la cabina de pasajeros una gran copa de cristal y un gordo inglés de culo liso y blanco pecoso, se deslizase por el borde circular de la copa y cada vez fuera más deprisa. Una niña intenta cantar un villancico, pero no reconozco cuál... Creo que está llorando.
El capitán nos indica que pronto aterrizaremos. Por última vez en el vuelo los baños cambiarán su lucecita a verde. ¡Ding! Cinturones. Los asientos ya no se pueden echar para adelante, porque las clases turista ya no tienen la opción de echarse hacia detrás. Sobras de Sándwich al bolsillo del asiento y plegar la bandeja…Tengo que dejaros, la azafata no entiende que tengo el teléfono en modo vuelo. La pobre confunde mi actividad de escribir con el fenómeno Wassap, algo que la primera vez que escribí en un avión no existía. Nos vemos abajo.
Más abajo, más abajo, más...
Al aterrizar en una ciudad más de una vez y mirar el aeropuerto, regala a tus ojos una combinación de la imagen de la primera vez que llegaste y de las misma vista que ves en el momento.
Por fin, Madrid.
27 diciembre 2011
La bufanda naranja

Los jueves por la noche, de un año bisiesto del calendario chino, siempre y cuando los astros, de impertinentes, iluminaran una silueta del símbolo interrogativo sobre el escritorio de Sir Boyle, la bufanda no descansaba de cuestionarse el porqué de sus gruesas franjas de color negro, que la cubrían intermitente y regularmente a lo largo de su lanoso cuerpo. No entendía, cuando iba de paseo por los mares de aire frio por los que era forzada, que no hubiera en su travesía ninguna bufanda más a la vista con sus gruesas vírgulas que la diferenciaban del resto. El enigma persistió una temporada sin hallar respuesta.
De repente, un día, sin venir a cuento, por fin, se vislumbró, entre una multitud de cuellos abrigados, un guiño destinado a la percepción de la bufanda azul. Rápidamente Sir Boyle se giró, como si atendiera a la curiosidad de su fiel protector del resfriado y la bufanda tuvo su oportunidad de encararse ante… un decepcionante, aunque gracioso, nudo de corbata que buscaba llamar la atención con sus colores, como si abanderara al Reino Unido. Mas no era la respuesta a la pregunta filosófica, que el compañero de Sir Boyle se había preguntado.
El nudo de corbata, exento de preocupaciones morales, se alejó a paso de comerciante con aires de esos entes que contemplan el agua para comprobar que es incolora, apaciguando la necesidad de controlarlo todo. Se desplazó, dejando a la vista a una joven con una “sonrisa de ojos tristes”, que lucía una fachada de garganta desprotegida, de textura lisa y de olor de ensueño.
La bufanda azul quedó preocupada mientras Sir Boyle se percataba del peligro que corría la bella chica en pleno océano de baja temperatura, o al menos fue lo que pensó la bufanda. Resultó, que ya se conocían Sir Boyle y, presentada por ella misma en su saludo, Madam Caperucita. Pensó en la descabellada idea de aprovechar una ráfaga de viento para elevarse y, en un esfuerzo de elasticidad, enrollarse en el cuello de Madam C. La distancia que los separaba era demasiada para acometer la pensada artimaña. Por el tono de la conversación y el sudor que empezaba a llenar el algodón de la bufanda, debido a los nervios, la bufanda pudo comprender que era más probable que el Sir y la Madam acabaran enrollados antes de que la bufanda azul lo estuviera con el cuello de ella.
Madam C. irradiaba un peculiar interés por la bufanda azul reflejado en impredecibles miradas de reojo, aunque insatisfecha la bufanda por la escasa atención prestada en comparación con la que recibía el Sir, podía ver cómo la mente de la figura femenina se perdía a causa de los estímulos que al Sir Boyle le proporcionaba cuando las dos siluetas de unían por los labios de los dos.
Se acomodó en su rincón de la habitación la bufanda azul, tras apagar la vela encendida por Sir Boyle nada más llegar acompañado al dormitorio. La bufanda azul comenzó a comprender el sentido de la existencia, convencida de no cometer yerro en su visión. Delegó toda su ansiedad en una idea: todas las personas (o cosas) son piezas y no hay puzle de una pieza.
Se volvió a encender la vela que se ahogaba con la luz del alba que entraba por la ventana, la cual estaba marcada por un símbolo de interrogación con gotas del rocío de la mañana. La bufanda azul se despertó estirando su extensa figura con ayuda de las manos de Sir Boyle, y mientras bostezaba no se percataba de la señal en la ventana. Sir Boyle terminó de vestirse abrigándose el cuello y abrió la puerta junto a Madam C. deseoso de un alegre paseo entre los árboles invernales junto a ella. Pero al abrir la puerta una pequeña y oscura figura humana cortaba la luz que pretendía penetrar hasta el frío suelo del recibidor.
Asustada, la bufanda azul, contuvo el exagerado engullido de saliva de Sir Boyle que había causado la inesperada aparición del misterioso chico y se dejó aflojar por los finos dedos de él. Según iban acostumbrándose los ojos de los dos, impedidos por la explosiva intranquilidad, descubrieron un “puntal” (ver diccionario canario) que dejaba colgar desde su extendido y alzado frágil brazo una especie de tela. Madame C. sonrió y asintió dando gracias con los ojos que acompañaban las mismas palabras de forma verbal. El “puntal” exhausto le dijo: - Se te cayó ayer al suelo y un señor con corbata lo recogió, y yo lo seguí y en cuanto se despistó se lo quité.- le dijo de forma orgullosa y seguidamente.- No llores más, chica de sonrisa de ojos tristes. Aquí tienes tu peculiar bufanda naranja de franjas negras,….-. Y la bufanda azul se aflojó por sí sola.
PD: Os doy un dato importante. La bufanda es amarilla en la vida real.
10 diciembre 2011
No os quejaréis...

Algún día os lo escribiré. Desataré, de forma desbocada, la bestia que guardo en mi fuero interno. Os habrá entrado irrumpiendo en vuestra terca tranquilidad, que a bocados tenéis por pura gula, y os la habrá arrebatado. Hasta entonces, no ofrezco más que una mísera taza de leche caliente antes de dormir, pero fresca y cremosa como ninguna ternera pudiera mamar de la teta de una lechera.
Ese día os he de mostrar que sois protagonistas de mi escritura sin ni siquiera ser un personaje más. Creéroslo. Sois la valentía en persona, la que quema la cerrilla de mi voluntad sin reparar en costos de pereza; la pila que acciona el mecanismo de mi reloj, que lleva a mi mente a narrar el tiempo que coincidimos siendo fantasiosas reflexiones plasmadas en un blog. Algo principal… ¡Y ya está!
Que atrevido habré sido, intentando convencerles a los demás de vuestra inexistencia, pues ya siendo difícil de disuadiros del campo de visión de ellos, para finalmente haber acabado desmintiéndolo todo. Ya no sé dónde esconder el agrietado y desecado pellejo de mis codos, que han permitido el estudio de vuestra transparente existencia, y termino prodigiosamente agradeciéndooslo. Gracias, gracias, gracias,…
Un piadoso ademán, con intención de pediros paciencia, nada más, es lo que procuro que me halléis cuando crucemos nuestras lecturas en este blog: yo vuestra cara y ustedes mis letras. Ya que espero que una fecha, socavada en mi futuro, tenga la hospitalidad de que se me sirva papel de regalo, simplemente porque obsequiaros es una de mis ilusiones. Esperadme…
Porque no creo que merezcáis promesas sin ninguna rendición de cuentas. Por lo que, vituperaré a quién sea, con tal de dejar bajo llave un punto final. Sin que ningún astronauta rústico, ni gitano espacial nos lo acabe robando. Y encima, seguramente, nos sonría.
No hay locura sin un loco que la diga, como tampoco hay mandarinas azules sin que hubiera seguidores que impetren comerlas.
PD: Sé que estáis muchos en la orilla.
13 noviembre 2011
Tengo dos plumas y voy a volar

Despierto poniendo los dos pies sobre el suelo a la vez, estiro los brazos, frunzo la cara y con la lengua mastico la saliva madrugadora contra el paladar. Respiro profundamente antes de plantearme qué era lo que pretendo con mi vida mientras miro fijamente mi adormecida cara en el espejo. Tengo amigos, no tengo casa propia, tengo un coche modesto, tengo trabajo, no tengo una carrera, no tengo mucho dinero, ni tampoco mi familia que sí que lo merece; apenas unos cuantos billetes dentro de mi cartera calculo que la abultan.
Cuando salgo a la calle, respiro la vida moderna y veo que no está hecha para que me acople. Vivo unos tiempos maravillosos a los que quiero adaptarme. Cómo poder aclarar lo que pasa es lo que haré cuando quite la mirada del espejo y deje de hablar conmigo mismo.
Quiero confesar todas las cosas que impiden que me siente frente a alguien y en mi plena convicción le pueda decir “mi vida es maravillosa”. Primero, por miedo a que me crea y tenga que dejar de confesar y pasar a contar lo maravilloso que es la televisión. Segundo, porque si no me cree, que es lo que desearía, entonces se verifica la espiral de perdición en la que esta sociedad occidental nos ha sumido y de la que yo no hayo manera de salir.
Hará ya unos años que me siento especial. Un día, cuando era más pequeño que hoy y que ayer, le dijo mi profesora a mi madre en una de estas reuniones papis-profes, que podía estar tranquila, que “su hijo Leandro es completamente normal”. Recuerdo esas reuniones como algo gracioso, porque siempre estaba entre ellos actuando como un niño tonto que no entendía lo que hablaban, pero gracias a que mi madre era inglesa, la profesora no tenía otra que decir las cosas para que yo aunque no quisiera, me enterase de las cosas que sólo mi mami tenía que saber. Eso sí que era genial.
Aunque cada día me cuesta más y más poder decir si algo es genial o no. El problema está en que actualmente que algo le salga bien a alguien es impresionante, que una película tenga efectos especiales inmejorables, que una cama sea increíblemente cómoda, “somos la mejor generación”,... Ya no recuerdo qué era lo normal. ¿Os resulta fácil negar que las personas exageren de manera compulsiva? Yo ya me he perdido, de verdad. No sé lo que es increíble, super, mega, ultra, ni cuando algo es inmejorable. Tampoco me creo especial hoy, pero algo nos empuja a no ser normales.
¿Qué le pasó a la normalidad? Antes molaba, ¿no? El sano juicio dejó de ser arma a ser debilidad de las personas frente al dramatismo. Es verdad que ahora tenemos que captar de cualquier manera la atención de otros en propósito personal, y así poder competir dentro de la sociedad. Si no, la costumbre te lleva a ser excluido de toda la potencial presencia que podrías tener frente a los demás. Pero, de ahí a exagerarlo todo, de premiar gratuitamente a la exclusiva de ubicua; sinceramente, me creo incapaz de saber si el darle un mordisco a una hamburguesa merece ser descrito como que “está bueno”, “espectacular”, “Esto es un regalo de los dioses para mí”; o por el contrario, inventarme palabras para aumentar el inventario del vocabulario que se ocupa en describir la normalidad de las cosas. Pero a ojos de alguien de hoy, qué triste sería contar que te has comido una hamburguesa como otra cualquiera y que tu vida es absolutamente corriente.
El sano juicio está en saber diferenciar en uno mismo el complejo de mediocridad y conformidad con la desmesurada exageración que ha llevado a esta espiral, que repito, me tiene perdido.
26 octubre 2011
Blogtienda de Manipulandarina

¿Tienes problemas para relacionarte? ¿Te supone la búsqueda de nuevas amistades una hostilidad? ¿Crees ver rechazo por parte de los demás por culpa de ser un pedante? No se preocupe ni un segundo más, porque ahora… ¡Tenemos la solución!
El pedante cotidiano cree, que las personas con las que brevemente interactúa en su tradicional forma eventual, no quieren trabajar un lazo de amistad más duro y apretado, por su creencia incompatibilidad con mentes de menor cilindrada. Para ello no existía ninguna respuesta, ¡hasta hoy!
Lo que el pedante no sabe es, que si llama ya al 986 854 884 (espero que no sea el número de nadie) no sólo tendrá respuesta a su gran incomprensión social, sino que además se llevará, no uno, ni dos, sino hasta 3 mandarinas de regalo. Todos sabemos que una mandarina es la fruta ideal para compartir con los amigos. Ya sabéis lo fácil que es ofrecer la fruta que ya viene partida. Así que llama ahora y llévate esta exclusiva oferta, hoy, y que no encontrarás en ninguna tienda, libro sagrado o santuario improvisado.
PRODUCTO
Hola, mi nombre es Andrew Casio. Podréis reconocerme de haberme visto en fabulosas series como “el incalculable hombre de las nieves”, “el logaritmo perdido” o el código Da Vi tres catorce”, y hoy estoy aquí para ayudaros a entender el porqué de vuestra triste vida. (Sonrisa americana a cámara, seguido de un guiño de media negación).
Os voy a compartir el secreto. Tras varios estudios que hemos realizado para llegar a venderte el más exclusivo producto y con su insuperable calidad, hemos llegado configurar este gran enigma. Pero tranquilo, que ya mismo te lo cuento amigo.
Si de verdad quieres conseguir ser pedante y ser aceptado y conseguir que las personas te hagan caso tan sólo observa. La mayoría de grupos en los que entras son personas nuevas y en general mediocres, ¿no? Piensa que las personas tendemos a crear jerarquías, aunque ellas hablen de pro-igualdad. Pues bien, si esas personas en su batalla por conseguir ser el macho alfa, el director, el monarca, el fuhrer, el duce o el Dios de su grupo y en medio de esa batalla llegas tú, pedante cualquiera de a pie, y intervienes poniendo fin al conflicto bélico. Sinceramente… te has equivocado. Sí es verdad de que ellos rápidamente captan que eres de un nivel superior y que obviamente su posibilidad se ha acabado, pero es a raíz de ello, que quienes son desbancados de la posibilidad se colisionan con la meta de volver a que sus vidas recobren importancia y rápidamente te expulsan del grupo. La historia nos argumenta como ser cabeza de ratón es algo que siempre ha reinado, aunque les divulguemos la conformidad de ser cola de León.
¿Qué hacer entonces? ¿Por qué? Lo que hay que hacer es muy sencillo, hazte el tonto. El truco se encuentra en pasar desapercibido. Hay que colocarse detrás de la línea de meta de la que hayan marcado ese grupo de personas y actúa. Verás que al poco tiempo ellos mismos harán el trabajo sucio y tan sólo tendrás que actuar poco a poco como siempre y ya lo habrás conseguido, tendrás un grupo de amigos dispuestos a aprender de ti y ser tu amigo. El porqué es muy sencillo, ahora has competido con ellos de manera que ellos han aceptado su derrota viendo que les has ganado limpiamente en un juego que ellos mismos diseñaron, por lo tanto la ventaja que fueras sacando se traduciría en respeto por parte del clan y no como de antemano sucedía. Ellos con el tiempo y por inercia del ser social que llevamos dentro, sienten mayor importancia en sus vidas, que sustituye aquella de tener que ser el líder, porque esta vez se sienten partícipes del proceso de elección. Y es así como se legitima el liderato.
¿Para qué un pedante debe ganar estas batallas? Para aumentar su currículum con experiencia bélica, mantener hábil la mente social, y sobre todo para que saque del ridículo moral a sus nuevos amigos con el fin de que eventualmente uno se convierta en pedante, un buen amigo pedante como YO.
Así que, ya lo habéis escuchado amigos, si queréis dejar de tener esa incógnita, ahora gracias a Andrew Casio, es posible; Por lo que dejad de leer este blog y levantaos de vuestros asientos y recoged el teléfono y marcad ya el número que aparece en pantalla. Y olvídese de todos esos rechazos incontrolados y oiga decirles: ¡A mí me gustan los Grandes pedantes!
08 octubre 2011
¡No! Es mandarina

Vivo en un camino que me lleva a dónde todos no conocemos, pero en el que sí que creemos. Vivo en un mundo en el que siempre hay un comienzo, un final y algo intermedio. Vivo en un mundo dentro del cual, las cosas también tienen un comienzo, un final y algo intermedio…
Espero a que llegue el momento en el que algo ocurra, que se den las condiciones; o como yo prefiero creer, esperar el momento en el que pueda ver las circunstancias, ya sea por casualidad, o no.
Espero a que cuando llegue, pueda captarlo con algún sentido, pueda notarlo y ser consciente de que logro reconocer aquello que he estado esperando.
Espero, una vez esperado y esperado notar lo esperado, a que ese algo realice aquello por lo que había tomado tan larga espera. Y si no, espero que no tarde mucho en terminar su efecto, sino tendré que esperar, esperar y esperar...
La espera es lo único que no se espera, me dije a mí mismo tras una larga espera de respuestas. Aun no sé, si esperé, o la respuesta fue mi desespero y abandono a la espera. Pero finalmente mereció la espera y pude por fin librarme de la espera, pues esperé no esperar nada.
Que estresante es la vida que vivo. Tanto que le debo a la lógica y tanto que me debe ella a mí, pero como no puedo hacer cuentas de quién debe más, porque no recuerdo la primera vez que empecé a esperar. No espero ninguna rendición de cuentas. Esperaré a mi final y esperarçe que las cuentas me salgan bien.
…Vivo en un mundo en el que lo intermedio es esperar. En concreto no es nada, pero dentro del gran principio y final, es casi el total.
PD: Espero que os gustase, y sobretodo, esperaré por vuestras mandarinas.
02 octubre 2011
El mandarino

Siento haber estado ausente una larga temporada desde la última vez que actualicé la cesta de mis mandarinas. Supongo que deben estar ya varias cambiando de color del tiempo que llevan expuestas como primera impresión del blog. He de reconocer que me cogí unas buenas vacaciones mentales, pero pretendo que hoy sea el día de la vuelta a la oficina.
Me figuraba que, al no recolectar mandarinas y ofrecéroslas, se me irían acumulando en mi árbol y que llegaría el día en el que fuera a buscarlas y pudiese llenar una gran cesta de enormes mandarinas bien azules, tantas como para masajear todos los brazos al intentar cogerlas todas de una.
Pero, pese al generoso propósito, me acabo de sentar, junto con mi portátil, sobre una de las raíces del árbol de mis mandarinas que asoma sobre el césped. ¿Sabéis qué? No encontré ninguna mandarina en el árbol. Tan sólo vi a su alrededor una muchedumbre de sustancia orgánica en descomposición. Ya ni siquiera era azul.
Mas pensé, entre la decepción que estaba teniendo, que esas mandarinas en proceso de putrefacción servirían de magnífico abono para mi propio árbol y que ayudaría en un futuro a que mis siguientes mandarinas que tuviera fuesen más azules, o lo que es lo mismo, más maduras.
Entendí, que pensar en que las mandarinas fueran tangibles era un error. Las mandarinas están en el árbol de cada uno, por un tiempo u otro determinado, hasta que desaparecen. Algunas caen al suelo y se pierde su naturaleza comestible, otras desaparecen del ramo y vuelven aparecer tras un largo o corto periodo de tiempo. No son como las frutas que tú y yo conocemos en común.
La espontaneidad de una mandarina azul le proporciona el fascinante poder de incalculable potencial. Aun así, quién siembra un árbol mandarino corre el riesgo de que le surjan mandarinas de prolongado crecimiento, de increíble dimensiones o, algo que es desilusionante, pero no de existencia en vana; mandarinas con reducida cantidad de jugo.
Si bien comentan los expertos en el tema, como puede ser el Doctor Man Darino Azu L., hay temporadas para prácticamente todas las frutas conocidas, salvo en el caso de las mandarinas. Éstas aparecen a montones cuando llega la estación de año de la Inspiración.
Yo os confieso, que tengo la suerte de que cuando entramos en Inspiración busco un hueco en el tiempo para parar el tiempo durante poco tiempo. Suelo buscar el silencio para gastar el número de vueltas que da mi reloj y en el que dejo jugar libremente mi pequeño pensamiento, para que no sea intimidado por nada y juegue alrededor del árbol, y mientras se divierte, me llame para señalarme una nueva mandarina que ha dado el árbol.
Sin embargo, esta vez, hacía tanto tiempo que no venía a jugar, que le he tenido que controlar, porque si no, se me descontrola el pensamiento acabando por decir cosas que ni yo entiendo.
07 mayo 2011
Ahora que estamos solos, una pequeña pregunta...

-¿ Aquella, que nombre no pronuncias y te aguardas como niño colorado, que años piensas que son los complementarios con la más absoluta incoherencia espontánea y justificadora, que residencia desconocida te queda a la vuelta de la esquina, que vestimenta extrovertida y discreta a la vulgaridad, concibes como su marca publicitaria que le atribuyes al memorizar cada instante de esa primera entrada en escena de cada vez que la ves; a quien su pelo te encanta tocar con la frente y las mejillas, piel facial, sensaciones que te envían directamente a una consulta con Freud por discapacidad mental a causa de besos surgidos entre las líneas formales del amor, que discrepan de juntarse y arrepentirse de dejar los besos filtrarse; la que renuncia a la vergüenza, frente a cientos de personas que circulan como electrones en todas las direcciones, para darte el abrazo más cargado de energía emotiva, como para que cuya dosis un gusano perforara el acero de protección que recubre tu cuerpo cuando te abraza; que te ha ocupado toda capacidad de almacenamiento en los dispositivos de pasado, presente y hasta con el de futuro, en un formato de vivencias, las cuales llegarán, pero mejores, porque se suman a los sueños de ella, y sabes que cuando llegues a vivirlos el concepto felicidad se te quedará pequeño y tendrás que acabar por gritar; que contamina tu espacio vital de olores, nervios, contactos, bienestar, irregularidad de la respiración: largas, cortas…., sonrisas tontas, miradas y las ganas de querer sentirlo todo a la vez en un beso atómico, inhalando tal contaminación junto al suelo, la tierra, los edificios, el cielo y el universo por un milésima de segundo, porque tus fuerzas no dan para contenerlo todo lo que acaba volviendo a su sitio y al abrir los ojos descubres que ella está frente a ti y rodeada de el todo y la nada, es la chica?
-Sí, sí y sí
>>>B.C.H.<<<
06 mayo 2011
Duerme, que comienza el día.

Muy buenas blog. ¿Cómo me encuentro? Es una buena pregunta que me plantea este blog de mandarinas azules. ¿Y a qué viene esta pregunta? No lo sé, pero supongo que si la he leído y me la he preguntado será simplemente una pregunta introductoria y lo más probable sea que ahora mismo me plantea una cuestión eje de la observación objeto a compartir por Leo.
Vaya! Por fin veo aquí, en el segundo párrafo, que dice, ¿Tus labios tienen a los extremos una marca de expresión hacia abajo o hacia arriba?
¿Y esta pregunta a qué viene? No entiendo mucho, pero me imagino que ahora me callaré de hablar dentro de mi cabeza y le concederé un momento para que Leo pueda dedicarme una observación. Seguro que eso es lo que quiere que haga.
Ahora el que va hablar es Leo, narrando en primera persona, de tal forma que yo que lo estoy leyendo me haré pasar por él sin excederme en mi fidelidad del papel del personaje. No quisiera luego tener que entristecerme con mi regreso a mi realidad.
Me levanto por la mañana, como cada día contiguo a la continuidad, y doy comienzo al día indagando sobre la cuestión de si debería, o no, ser el despertar el comienzo del día. No entiendo porqué.
Pero esto no es más que una pregunta que cada día me nubla el cerebro, la cual yo no le dedico más que el tiempo que tardo en llevar la primera cucharada de cereales hacia su sentencia final. Me ducho, me visto, me peino, preparo la maleta y salgo por la puerta de mi casa.
Hasta ahora todo fue fácil. Ahora llega el momento de interactuar con las personas, otros tienen la suerte o desgracia de que una vez abren los ojos en el cojín de al lado hay alguien y entonces su momento sería ese. En suma, yo no tengo esa suerte, y al salir de casa saludo a mi portera de camino a la universidad. Ella, muy educadamente, no me mira a la cara y apenas oigo repetir mis palabras con cierta falta de engrasar sus cuerdas vocales: Uens diassss!. Yo entiendo que ella no se esperaba que alguien le fuera a desear un comienzo positivo y por eso no le dio tiempo a reaccionar, como cada mañana le pasa. Salgo por la calle y me pregunto si algo está pasando. Miro las caras de aquellas personas con las que me cruzo y no veo más que caras de sonámbulos profesionales; exactamente, del nivel 8, que corresponde a….
Me subo al ascensor del metro, y nos juntamos todos mucho y cooperamos entre todos a hacernos los locos para no impedir el cierre de la puerta y así la persona que fatigada corre para poder entrar también se queda mirando como descendemos a la mina. Es una enseñanza social para que no corra y espere al siguiente. Sí, creo que es eso. Es la única manera de pensar que el ser humano es buena persona por naturaleza.
Llego al andén, me subo en el metro, que para mí es otro como un ascensor más, porque estoy de pie junto a muchas personas rodeado de personas, trasladándome y a la espera de salir en una determinada apertura de las puertas.
Voy a clase y me introduzco dentro de una gelatina de disciplina, competitividad, seriedad y de puro trabajo; óptimo para la función que desempeña dicha institución de asistencia voluntaria. Salvo que quieran hundirte aquellos que llamas compañeros de clase, te saludan y se relacionan amistosamente contigo siempre y cuando tú felicidad no supere la de ellos.
Al acabar la clase me aventuro a hablar con alguien y lo primero que me dicen todos es que no tienen tiempo para nada, ya que tienen que largarse a comer inmediatamente, que cualquier cosa que le fuera a decir que les envíe un mensaje por el Facebook. Yo sólo pretendía preguntar si les apetecía que les acompañe en el trayecto que toma parte de su vuelta a casa como de la mía. Aun así suelo quedarme boquiabierto y me arrejunto con alguien con menos prisas y le propongo la misma humilde oferta, y me encuentro con que quién tiene tiempo es quién necesita contarme las ego-penas que sufre y trata de darme su punto de vista radical acerca de cualquier tema, que primero, yo no empiezo y en el que tampoco quiero su opinión pesimista. Grandes capitalistas absorbedores de energía positiva de otros llegando a descargar sus fuerzas sobre uno y no sobre el propio problema que les atañe. Flipo.
Nada, me subo en el autobús y me doy cuenta de que, tanto el chofer como mi portera son almas gemelas. Increíble.
Llego a la estación de metro a la vuelta y subo al barco social en el que prima la gran capacidad de apatía que uno domine en el triste y serio mar en el que navega. No cuestiono más de la cuenta y emprende el camino el tren del metro hacia mi casa.
Ahora es cuando me doy cuenta de que algo hay en común entre el metro, la guagua de Tenerife, la señora que se sentaba en el parque deteriorado e inhóspito de Badalona. Y es que en todas esas partes hay una mayoría de caras con unos labios en el que la marca de expresión de los extremos de los labios se dirige hacia abajo, apuntan al suelo, sufren de impotencia eréctil, se convierten en una imagen antagonista de la sonrisa. Esa persona transmite lo que yo calificaría como de una cara miserable.
¿Alguna vez has sonreído y los extremos de tus labios no se han levantado hacia arriba? No ¿verdad? Pues no hay que culpar a esa señora de tener esa cara de miserable, sino de que NO hemos considerado los problemas morales como problemas graves y de crisis, sino como asuntos auto-curables, porque la mayor crisis por la que pasamos es, sea cuales sean sus pretextos, la del apagón generalizado, el pesimismo oscuro que enfría la cera de la vela. No me extraña que alguien tenga una cara así, cuando en ningún momento del día hay alguien que le sonríe o le dice las cordialidades creyéndoselo. Me entristece pensar que cuando tengo una sonrisa en la puta cara la gente me mira sacando sus conclusiones personales, debido a que es algo normalizado el tener una cara seria o triste, y yo tengo una sonrisa en lo que coincido con la mirada de ese alguien. Lamentablemente no hay caras largas, porque realmente si sonríes de verdad es cuando baja tú barbilla y el momento en que más larga tienes la cara. Aquí el fin de esta frustración empática, ya me he preocupado por vosotros más de lo que necesitamos que cada uno dedique a los demás para que esta crisis se disuelva como el cloro y limpie este mar.
Llego a casa y salvo que la irregularidad de simpatía de mi compañera de piso sea positiva, suele acabar mi interacción con las personas y me dedico a comer, leer, estudiar, escuchar música, curiosear y ya, me voy a dormir lo antes posible evitando ver la tele, para así no ver como otros me venden la idea de que se lo están pasando bien y que son super felices y terminar idolatrando a alguno de ellos.
Al final, antes de cerrar por completo mis ojos, he podido responderme, el día comienza aguardando su mejor momento para el final. Nos pone a juego para que a lo largo del día mantengamos un cierto nivel de ilusión y eso nos haga ir hacia una meta, acabar el día soñando en que el próximo será un día menos deteriorado para todos, y todos podamos seguir soñando y soñando por los sueños de otros.



